l libro Milagro en la Mina, relata la historia de José Henríquez, uno
de los 33 mineros rescatados luego del derrumbe de la mina San José, en
Copiapó, al norte de Chile, el año pasado. El autor, acompañado por su
esposa, iniciará una gira de presentaciones en Santiago de Chile, y
visitará Miami, Nueva York y la Ciudad de México. El libro se publicó
simultáneamente en español e inglés.
El rescate de los mineros fue el acontecimiento con mayor cobertura mediática en la historia de la televisión. Más de mil millones de personas observaron la hazaña del salvataje de Los Treinta y Tres.
Henríquez dijo sobre su rescate: «Me di cuenta de que Dios no había considerado ningún costo demasiado alto con el objetivo de liberarnos».
Aunque la historia toca el tema del accidente y el rescate, el libro también se enfoca en la vida de ‘el pastor’ -como lo llamaban respetuosamente sus compañeros-, a quien se le asignó la tarea de dirigir sus oraciones y pedir un milagro. Su preparación desde muy joven, su familia, su desarrollo entre los obreros de las minas chilenas, su apego a la verdad, así como su cuidadosa integridad y reputación aun en el fondo de la tierra, constituyen la esencia del contenido de estas páginas.
El libro resalta el trasfondo de Henríquez y habla de los acontecimientos que siguieron a los 69 días que estuvo atrapado bajo tierra. Incluyendo los aspectos de liderazgo espiritual que Henríquez brindó a sus compañeros para ayudarlos a valerse de la fe en Dios como un medio de supervivencia.
«Nunca pensé que predicaría en una mina. Dios hizo esto por mí porque así es como él nos rescata para darnos nuevas oportunidades», explicó Henríquez, experto tornero y maquinista.
«Antes del accidente cada hombre se concentraba en cumplir con sus responsabilidades y no teníamos relaciones personales estrechas unos con otros. Con el paso de los días la actitud de estos jóvenes empezó a cambiar. Comenzaron a mostrar muchas cualidades positivas y a hacer muchas cosas buenas. Algunos se destacaron bastante, lo que es digno de mencionar, ya que aunque eran jóvenes y no tenían mucha experiencia, se comportaron como hombres».
«Finalmente, solo nos quedó una lata de atún de unos doscientos gramos. Cuando estábamos a punto de consumir nuestro último bocado, resolvimos hacerlo de una manera diferente. Decidimos celebrar lo que llamamos “la última cena”, aunque era la hora del almuerzo»




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