Después del exterminio de indígenas Mayas del Guatemala en la conquista del siglo XVI, la represión ha dejado huellas dentro del milenario pueblo, un corazón mancillado y una vida llena de carencias han permitido que la comisión que encomendara el Papa Juan Pablo II a los misioneros de su tiempo, pudieran después de 23 años traducir la Biblia a su idioma natal “Maya Quiché”.
Fue cuando en 1987 Juan Pablo II visitaría Guatemala con el propósito de llevarles esperanza a los indígenas con un mensaje y mensajero de paz y consuelo, entonces fue cuando Su Santidad dijo a Julio Cabrera Ovalle, “Usted es el Obispo del Quiché, sucesor de monseñor Gerardi, una diócesis destruida por la guerra, con refugiados, desplazados, huérfanos, viudas; pongo en sus manos la reconstrucción del Quiché y la dignificación de los pobres”.´
Éste, quien recibiera la tarea de sanar las heridas del maya actual, impulsó la traducción de la Biblia, del hebreo, arameo y griego al idioma k´iche´, trabajo que fue realizado por el biblista francés Bernardo Gosse, la Gutemalteca antropóloga Social, Isabel Sucuquí Mejía, además de la colaboración de muchos catequistas.
El trabajo busca propagar el “evangelio de los pobres” a los mancillados para que así, este pueblo fomente su conocimiento y experiencia en Cristo, sea un pueblo de discípulos misioneros y a su vez puedan tener su forma de amar y pensar reflejado en su vida diaria.
Explica prensalibre.com, que la traducción de los libros antiguos al idioma natal, es también una muestra de valoración a la lengua que habita en tierras Guatemaltecas desde hace ya más de 600 años.



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